26/9/11


TU ME QUIERES BLANCA


Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.
Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y llévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.
                                             Alfonsina Storni

22/9/11

Mujer y Prostitución...


La prostitución es el oficio más antiguo de la humanidad; la mujer que ofertaba sus servicios sexuales, era tratada como una persona con problemas antisociales o como una delincuente; la discriminación social y el maltrato físico y psicológico que ejercían las instituciones del orden y seguridad (policías), legitimizaban la caracterización antisocial y la denominación acortada de “p....”.
La prostitución actual se ve quizás mucho más peligrosa que en cualquier otro momento. La mujer prostituta, sobre todo la callejera, debe luchar diariamente con todo un cúmulo de circunstancias en contra que acucian su situación: la delincuencia, la drogadicción, la marginación social, las dificultades económicas, … y que se constituyen como un círculo vicioso del que es muy difícil salir.
Otros problemas de la sociedad, como suelen ser la inmigración ilegal, recurren a estos medios para introducir a mujeres en estos mundos a través de la trata de blancas, prostíbulos ocultos, de los que el mundo exterior no tiene conocimiento y en los cuales estas mujeres se ven introducidas sin saberlo y sin poder salir del mismo.
Además otro gran problema, como es la gran plaga del siglo, el sida, encuentra en este grupo de riesgo un medio de propagación veloz.
Asumir su existencia, como un fenómeno que está ahí y combatirla desde otros ámbitos como son desde el punto de vista legal, no acusando a la prostituta sino a aquellos delitos penales que la rodeen, desde el punto de vista social, intentando abrir otros caminos y otras posibilidades de desarrollo económico y desde el punto de vista higiénico-sanitarias, desarrollando el campo de la prevención: embarazos, drogadicción, enfermedades venéreas, que mejoren las condiciones de trabajo de estas mujeres.

16/9/11

Mujer y Compras...

Las mujeres compramos por muchas razones, porque nos toca hacer la compra (menos mal que esto ya va cambiando de a poquito), porque compramos regalos para nuestras amigas, o simplemente por placer. Hay quien dice que el shopping es una de las mejores terapias, junto con la peluquería.
Las mujeres solemos ser más imaginativas en el momento de hacer regalos, y disfrutamos más con el arte de regalar. Además es más fácil hacer una regalo a una mujer, porque la mayoría de nosotras nos emocionamos con tal de saber que alguién que nos resulta especial ha tomado tiempo pensando en qué regalarnos y buscando el regalo perfecto. Aunque no nos deslumbra el regalo final, nos encanta a las mujeres haber sido objeto de unos minutos de dedicación exclusiva por parte de los demás.Las mujeres piensan en las compras de un modo interpersonal y humano, mientras los hombres consideran que es algo más instrumental. Se trata de una tarea que hay que ejecutar.
Las mujeres somos felices rebuscando entre las colecciones de accesorios y ropa o dándose una vuelta por la sección de calzado. Nos gusta subirnos en ascensores de cristal mientras escuchamos música o rociarse con la muestra de un perfume antes de, por ejemplo, comprar otra cosa. Sin embargo, los hombres consideran que comprar es más bien una misión. Salen con el objeto de comprar determinado bien y tan pronto como lo hacen quieren abandonar rápidamente la tienda.
Las mujeres suelen estar más involucradas en toda la experiencia de ir de compras. Los hombres quieren entrar en la tienda, comprar el bien que andan buscando y salir rápidamente
Los hombres y las mujeres sencillamente son diferentes, al menos en cuestiones de compras.

12/9/11

¿Cómo fue el amor en Paraguay a partir de la Independencia? Escudriñando en el quehacer nacional desde 1811, la historiadora Ana Barreto brinda su visión en torno a la vida privada, plena de rituales, costumbres y anécdotas.


El enamoramiento, noviazgo, relaciones de pareja y casamiento tienen hoy en Paraguay características acuñadas por nuestros antepasados. Los 200 años de independencia patria invitan a reflexionar acerca de múltiples ámbitos. Uno de ellos tiene que ver con la historia social, y en especial aquella relativa a la vida privada.
La historiadora Ana Barreto plantea un análisis acerca de “las formas claras del amor desde la Independencia hasta finales del siglo XIX”, y afirma que “la historia social, y entre ellas, muy especialmente la historia de la vida privada no han tenido un buen desarrollo, ni han llamado la atención a historiadores paraguayos. Se debe esto en parte a que, normalmente es la historia de hechos político-militares o religiosos y la vida en torno a los grandes hombres la que normalmente es trabajada en la historiografía”. Refiere además que “quien se ha dedicado a releer mejor estos aspectos y esbozado interesantes hipótesis al respecto, ha sido la Dra. Bárbara Potthast-Jutkeit, una de las especialistas en historia social paraguaya del siglo XIX”.


-¿Por qué es útil saber acerca de esa parte de nuestra realidad? 


-Más allá de conocer, por así decir, los rituales propios del amor, sirven estos datos para explicar en gran medida la conducta que ha venido observándose en los paraguayos, es decir, ciertas cosas que hacemos hoy y la manera en que pensamos. ¿Siempre fue así? ¿Es diferente, desde cuándo y por qué?

-¿Cómo era la relación amorosa de los paraguayos durante el siglo XIX?

-Casi todos los viajeros que visitaron la provincia del Paraguay y la región circundante coinciden en observar que la conducta sexual de las mujeres y hombres era “muy a menudo, bastante relajada”.

-¿Qué significaba eso?

-Pues bien. El Paraguay siempre fue una provincia de frontera y contención de límites con respecto al resto del virreinato, en constantes choques guerreros con indios y como tal, confinada, sin el incentivo de ser una tierra rica en metales. Esto hacía que autoridades civiles y eclesiásticas se lo pensasen dos veces antes de elegir la provincia como destino; por lo tanto, normas y reglas, de todas la índoles, eran menos controladas que en el resto de América.

-¿Involucraba esta característica a las uniones de parejas?

-El concubinato era muy extendido durante la Colonia, en parte debido al sistema que los españoles implementaron en los primeros tiempos de la Conquista y por otra parte —más cerca del período de la Independencia— por el tiempo que un hombre debía estar fuera de la casa cumpliendo el servicio militar en las fronteras durante las reformas borbónicas. Es decir, tal como hoy, fuera de la élite, las mujeres consideraban el casamiento o unión siempre y cuando exista un amor traducido en compañerismo y ayuda mutua más que por presión social. No había una edad preestablecida para las relaciones sexuales, y sí, en qué grado de parentesco era tolerable. Como decían antes, la élite, conservadora y católica practicante, trataba de observar ciertas reglas respecto a ello, pero en la inmensa mayoría, la sexualidad se empezaba a explorar aproximadamente desde los 14 y 15 años, tanto para mujeres como para hombres.

-¿A qué edad se casaban las personas?

-La edad ideal para el casamiento era pasando los 24 años, pues recién ahí se era mayor de edad y se podría elegir pareja sin la anuencia de los padres, aunque bien, tampoco se podría fiar uno de ello. Félix de Azara había hecho una observación sobre las jovencitas de la campaña, diciendo: “yo no creo que ninguna de estas mujeres conserve su virginidad pasados los 8 años”. Dada la formación de él, puede ser esta una reflexión exagerada pero que sí ilustra, junto con el resto del párrafo, que el amor en sí era libre.

Clases sociales, abolengo, infidelidad

-¿Cuál es un ejemplo relacionado con aquella época?

-Hay un caso muy ilustrativo que sucedió un poco más de 10 años antes de la Independencia. Una mujer viuda llamada María Ortiz de Vergara, pobladora de Capiatá, pidió al gobernador que intervenga en la boda de su hijo Joseph Acosta con María Pavón. El motivo era el típico, dada la alta clase social y abolengo de la madre: el hijo iba a casarse con una mujer mayor, madre de 5 hijos y nieta de un esclavo. Algo prohibido y sumamente vergonzoso para la época. Pese a que el joven manifestó ser mayor de edad y amar a la novia, el gobernador, finalmente impidió no solo el casamiento sino la convivencia misma, ya que ambas sangres no podían mezclarse. El Dictador también mantuvo esas antiguas leyes españolas. Aunque existiese amor, la descendencia de cualquier tipo de gente de color, más allá del color de la piel, era prohibida. Para la sociedad próspera económica que enfrentó la Revolución de Mayo, lo más natural era el matrimonio entre ellos mismos buscando perpetuar el apellido y las fortunas. Aunque, por supuesto, no estaban exentos de infidelidades masculinas y, en grado menor, las femeninas.

-¿Existen referencias acerca de esas infidelidades?

-De las masculinas hay registros en el Archivo Nacional, siempre que el problema mayor sea un derivado de esa conducta. Es decir, si la infidelidad suponía que el marido se ausente de la casa y haga faltar el alimento, o que tenga hijos extramatrimoniales y no los ayude. Los padres paraguayos, si bien no se casaban con las madres la mayoría de las veces, reconocían a sus hijos otorgándoles algunos que otros bienes, pero no siempre el apellido, pues ello en realidad no tenía mucha importancia. Las infidelidades femeninas, en cambio, siempre estaban envueltas en escándalo. También en este caso se tienen noticias en el Archivo, cuando ello provoca una conducta violenta: golpes, maltrato, asesinato o cortes de cabello. A veces, como las relaciones entre esclavos o indios no eran aceptadas por la sociedad que se reputaba como blanca o española, nada impedía que efectivamente se sucedieran a escondidas. Una mujer, soltera o casada, podía estar viéndose con un amante indio o esclavo, y si por alguna razón la relación se cortaba desde la mujer, a veces, el despecho del amante era vengarse públicamente cortándole la larga cabellera que usaban las mujeres coloniales bruscamente y en público. Sin decir palabra, el hombre aparecía montado o no, y cuchillo en mano, recortaba las trenzas de la mujer violentada y huía llevando consigo el cabello. Normalmente era la prueba de una relación clandestina, que motivaba siempre que ya sea el marido o el padre haga buscar o ejecutar en algunos casos al malhechor. El relacionamiento de los amos de la casa con sus esclavas se creería que hasta era normal y bajo ningún punto de vista comentado públicamente, por lo tanto, casi nada denunciado si existía algún exceso.

Serenatas y esquelas

-¿Cómo eran las conductas amorosas?

-Sobre las conductas amorosas, también los viajeros hacían las observaciones. Las mujeres paraguayas eran directas para concretar una relación, ya que normalmente se ocupaban ellas mismas de su sustento; el flirteo no se extendía demasiado. Las serenatas eran lo clásico para agasajar a la pretendida. Todavía se lee en los periódicos de inicios del siglo XX de qué modo se criticaba la serenata como un acto vulgar, ya que los aires de la modernidad irrumpían en la Asunción, pero durante todo el siglo XIX, junto con las coplas cantadas (versos con algo de ritmo) eran lo estilado. Lo eran también las esquelas de amor. Con algunos hombres no había problemas para que escriban las “cartas”, pero con la mayoría de las mujeres sí, ya que la formación que recibían no era la misma y tampoco la educación en ellas era importante. Así que el medio para que los enamorados furtivos se encuentren por medio de mensajes escritos era que la mujer pagaba a un escribiente el trabajo de hacer la carta a nombre de ella. Muchos padres ponían como pretexto que no enseñarían a sus hijas a leer para que no puedan cartearse a escondidas con el novio. Increíblemente, en una entrevista que hice hace semanas en Pedro Juan Caballero, la señora Juana de Benítez me dijo que su padre también decía eso en 1930. Comparativamente, el tenor de las cartas de amor no ha cambiado mucho a la fecha.

-¿De qué modo se festejaban los casamientos?

-Hay muy pocas descripciones de lo que era una fiesta de bodas, ya que como se ve, eran porcentualmente escasas. Pero también porque no interesaban nada más que como anécdotas. John Robertson describe en uno de sus libros sobre Paraguay lo que era una fiesta en 1820, que bien podría también entenderse como un similar festejo de matrimonio: las invitaciones eran personales ya que las tarjetas no existían; la comida abundante, igual que las bebidas alcohólicas y los jugos, los juegos de azar, los dulces, la música, integrada por violines, guitarras y voces. Cigarros para fumar y mucho baile, normalmente hasta bien entrada la madrugada. Contaba Rengger, un médico que vivió en el Paraguay de Francia, que cierta vez una señorita quería pasar la noche en su cama con un capitán pero sin que se enteren sus padres, y recurrió al médico para que le recete una pócima que —naturalmente— los haga dormir profundamente.

-¿Cuál era la legislación acerca de las bodas?

-Cuando Francia asume el poder, ya desde 1814 ordenó una disposición que afectó profundamente la composición “legal” del matrimonio en las capas altas: prohibió el casamiento entre europeos y extranjeros de cualquier lado con cualquier tipo de paraguaya, exceptuando a las negras o indias de los pueblos. Como en la clase alta se casaban siempre “entre ellos”, estas leyes lo que consiguieron fue que las uniones libres y el concubinato o “escandalosa vida” se acrecienten aún más. Una vez que Carlos Antonio López llegó al poder en la década del 40, trató de todas las formas de perseguir a las personas para que contraigan matrimonio y utilizó todos los recursos estatales para ello: visita del juez a la casa de la pareja, apercibimiento, notificaciones, amenazas de confinamiento tanto para hombre como para mujeres, etc. Pese a todos los esfuerzos del presidente, lo que se logró no fue tan significativo: las mujeres seguían optando, si bien no siempre por casarse, por tener hijos sin necesidad de estar reconocidos.

-¿Importaba el amor?

-Por los legajos civiles de —al menos— la primera mitad del siglo XIX, una cosa era clara: un matrimonio no existía para una paraguaya si no había amor, y el amor era ayuda mutua y compañerismo. Aunque no es posible cuantificar, en algunos casos también existen los matrimonios impuestos por los padres, que normalmente derivaban en un pedido de divorcio ante la Iglesia cuando los cónyuges afirmaban no quererse más o cuando la esposa era muy golpeada o abandonada. En la demanda por divorcio de María Manuela Aponte contra Simón Cañete en 1822, ella decía: “Y si se dice, debe estar sujeta al marido, es únicamente en aquello que le convenga a la felicidad espiritual de ambos, porque tampoco ella es esclava sino muy ingenua e igual en todo a su esposo, pues de lo contrario no sería compañera sino sierva, lo cual es falso”.

-¿Cómo era la vida de las mujeres que optaban por no casarse, y no tener familia?

-Lo contrario a una mujer casada o no, pero con hijos, eran las solteronas. Durante la Colonia, las solteronas no eran mal vistas; eran mujeres a las que se les había “pasado la edad florida” por varios factores que entre la clase alta podía ser el hecho de no tener suficiente dote que ofrecer el futuro marido. Normalmente, si no contraían matrimonio, quedaban al servicio de la Iglesia o de los santos varios. Entrado el siglo XX, cuando el liberalismo exigía distanciamientos entre Estado-religión, las solteronas pasaron a ser motivo de burlas, ya sea en la prensa satírica como en coplas varias. Si en pleno siglo XIX había motivos para querer huir de la soltería, a inicios de 1900 los había aún más.

Cartas y poesías

-¿Existía el romanticismo?

-Con la implementación de las academias literarias y la reapertura de las clases superiores de enseñanzas que fueron relegadas en el período francista, renació entre los jóvenes, especialmente asuncenos, el arte de amar a través de la literatura y la poesía. La implementación de la prensa también traía consigo la posibilidad de que los alumnos dediquen versos anónimos a sus bellas, también identificadas solo con iniciales. En los finales del siglo XIX con una alta cantidad no solo de periódicos, sino de folletos y revistas, mucho más corriente se hizo la posibilidad de dedicar públicamente versos por escrito. También a finales del siglo XIX se puso de moda el envío de románticas postales. En la época de Francisco Solano López, él y Elisa Lynch disfrutaban mucho en pareja de literatura y versos eróticos que normalmente debían ser copiados a mano de otros libros, ya que la comercialización de este tipo de lectura no era bien vista. La sociedad de la posguerra hizo que la clase alta se aleje en costumbres de las clases inferiores. Los bailes ya no eran comunales, la gente de sociedad solo bailaba en casas y algunos clubes privados que luego se fueron fundando; por lo tanto, el flirteo también cambió, el uso de flores en los vestidos de las niñas casaderas, las ubicaciones que ellas debían tener al entrar a un salón para que un galante observador se dé cuenta de quiénes estaban disponibles. Ceder un baile, dos, retirarse luego, todo ello tenía que ver con las nuevas costumbres de la “modernidad”. Hay una carta publicada en un diario de 1876, rescatada por el historiador Alberto Moby, de una tal Teodosia, que decía lo siguiente: “Soy soltera, joven de 18 años y con un capital de 3000 pesos fuertes que me los dio uno que era mi novio, en señal de compromiso. Pero sucede que ese joven tiene algunas ocurrencias que no me gustan y he resuelto dejarlo a un lado. Por este motivo le pido (al redactor) haga saber que estoy dispuesta a aceptar la mano de cualquier joven buen mozo, que sea apasionado, ardiente y de buenas costumbres, además que cuente con un capital diez veces mayor que el mío, porque la felicidad conyugal está en relación con la cantidad de pesos. Si alguno se presenta, espero que me avise para arreglar el contrato”.

Esta carta demuestra un hecho característico en la sociedad urbana paraguaya de finales del siglo XIX, que para todos los bohemios “minaba el amor”: la necesidad de casarse según las condiciones económicas para perpetuar fortunas.

Normas establecidas

-¿De qué manera influían la moral, educación y costumbres?

-Algo que también empezó a condicionar las formas de entender el amor, propias del liberalismo, fueron las clases que desde el Estado, al menos desde 1915 se empezaron a impartir sobre deberes domésticos y disciplina moral:

“(...) Deberes de las mujeres con sus maridos: La sumisión racional y la afectuosidad, condiciones esenciales de la mujer. La economía. La prudencia. La moderación y la escrupulosidad deben constituir la norma de sus conductas en todos los aspectos”(…), pág. 135 del plan de estudios para escuelas primarias.

Como se verá en esta breve reseña, el amor, en su esencia, poco ha cambiado en nuestros días. Tal vez sí se puede agregar, que la presión social de la moralidad no era tal, al menos, en los primeros 40 años de nuestra Independencia, y que tanto mujeres como hombres lo disfrutaban en alguna libertad. Fueron las costumbres las que sí fueron cambiando, aunque también la intimidad se vio poco afectada. Evito detallar cómo eran los actos sexuales, ya que no es el tema central, pero sí que siguen siendo casi de la misma forma y con las mismas intensidades tal como sus celos derivados. En el 1900, por caballerosidad, un hombre jamás debía guardar consigo las cartas que le fueron escritas por una exnovia. Debía entregárselas de vuelta a ella, independientemente de quién había cortado la relación. Ella podía guardarlas un tiempo pero ante la posibilidad de un matrimonio con otro, debía quemarlas.

-¿Cómo se desarrollaba la amistad, coqueteo, noviazgo?

-Decía, por ejemplo, el libro “Los Atributos de un Caballero”, de 1907: “Nunca atropella sin ser invitado. Esta ley es categórica. No tienen que mirarla de arriba abajo sino a los ojos, haciéndole la cortesía de reconocerla primero como persona y solo observa sus demás encantos cuando el gesto de la dama se los pone en su línea de visión como parte natural del paisaje del amor... Por definición, caballero es un hombre de delicados sentimientos y de sensibilidad fina”. 

Después de un amigo, las señoritas del 1900 pasaban a tener un “festejante”, alguien que no estaba obligado a frecuentar su casa ni hablar con la familia de ella, pero que siempre podía encontrarla en los paseos de la calle. La esfera pública era un lugar donde las mujeres no pertenecían, el lugar de ellas era la vida doméstica, por lo tanto debía haber muy buenas razones para andar caminando por ahí: las misas y las fiestas de santos eran la excusa perfecta para poder entablar conversación con hombres a los ojos de las demás personas. Siempre se podía salir entre semana y las posibilidades —de acuerdo a qué santo era— aumentaban con las procesiones y kermeses. Las mujeres jamás iban solas, siempre acompañadas de otras mujeres, niñas o una o dos esclavas.

Peineta dorada, anillo y dote

-¿Había mujeres que salían de dichos cánones?

-Un tipo de mujer libre en la época del siglo XIX era la kygua vera. Ella sí caminaba sin muchos miramientos en la vía pública. La distinguía la peineta dorada que llevaba en los cabellos y que señalaba en alguna medida su disponibilidad para alguna que otra cosa relacionada al amor. No hay que entender como prostitución porque no era tal, sino mujeres que decidían por ellas mismas qué parejas podían elegir utilizando —increíblemente— para la época, las mismas maneras que un hombre. Las kygua vera siempre eran mujeres independientes económicamente.

-Ante la boda, ¿había ceremonias de compromiso?

-Del anillo de compromiso con una piedra central o perla, no tengo noticia exactamente de cuándo aparece, pero con certeza, después de la guerra, y el novio lo entregaba en una cena donde quedaba de manifiesto la intención del casamiento. Se colocaba en el cuarto dedo de la mano izquierda. A veces, la prometida le regalaba también un anillo al novio. Cuando el compromiso quedaba sellado, ambas familias empezaban a frecuentarse con visitas por las tardes y cenas. Los novios nunca estaban solos; siempre que el hombre visitaba a la mujer, ella debía estar todo el tiempo acompañada de algún otro familiar varón o bien de su mamá. La misma regla se aplicaba a las salidas por el parque o el teatro. La ruptura del compromiso o promesa matrimonial era una falta tan grave, que en épocas de Francia o López podían dar pie a una demanda por daños en nombre del honor hacia el novio. El resarcimiento se hacía siempre en efectivo. Hasta bien entrado el siglo XX, era común que el novio espere la dote de parte de la familia de la novia porque, por leyes las mujeres no podían administrar sus bienes (algunas viudas sí, dependiendo de la situación), entonces, al entregar la dote, la familia de ella entregaba una parte de la herencia para que la administre el marido. 
que parece estar especialmente adaptado á las necesidade

7/9/11

Nos casamos? No.



El Matrimonio ya no esta de moda.
El concepto de “realización personal” ya no pasa por tener un marido, hijos y ser una perfecta dueña de casa, ahora se relaciona con metas y logros individuales.Un estudio de la Universidad de Binghamton en Estados Unidos, concluyó que el 51% de los hombres entre 21 y 34 años de edad quieren casarse, en cambio sólo el 46% de las mujeres de la misma edad así lo desean. La diferencia se vuelve abismal... cuando se consultó por los planes de tener hijos. En este ítem, sólo el 16% de las féminas de esa edad manifestó que quería tenerlos. 
Incluso, algunas se muestran reacias a las relaciones estables porque sienten que puede ser un impedimento en su carrera y prefieren mantener sólo romances pasajeros. La mujer de hoy busca ser reconocida en su ambiente laboral, convertirse en una gran profesional y destacarse por sus capacidades. 
Ya no ve al hombre como un proveedor que está obligado a satisfacer sus necesidades económicas.
Ellas quieren ser independientes, seguras y valerse por sí mismas.

4/9/11

Un breve diagnostico sobre la realidad indígena femenina

 Mujer indígena  sumida en la precariedad.
Los/as indígenas son discriminados/as en los hospitales y puestos de salud, el racismo es muy fuerte, existe como una repulsión hacia lo indígena.
La mortalidad materna es elevada por falta de atención pre y post natal. Muchos de los partos se realizan en las casas. Existe alto porcentaje de mortalidad infantil a causa de desnutrición y enfermedades infecciosas y respiratorias, y la falta adecuada de atención  medica.
Hay escasez de agua potable, lo que repercute directamente en la proliferación de insectos y parásitos que afectan la salud de los/las niños/as.  
Los conocimientos ancestrales de medicina natural de las mujeres indígenas van perdiéndose y como consecuencia se crea dependencia de medicamentos de laboratorio. 
Las condiciones de saneamiento y salubridad son muy deficientes, y hay hacinamiento en algunas comunidades. Falta vivienda en las Comunidades.
En la gran mayoría de los Centros y Puestos de salud, las mujeres y los indígenas en general, no reciben buena atención, y hay escasez de medicamentos. 
En caso de urgencia, no existe ambulancia para transportar a las mujeres parturientas.
Existen muchas dificultades para acceder a los centros de atención médica por falta de caminos y movilidad.
La mujer paraguaya, no lo olvidemos,en principio es, en proporción abrumadoramente mayoritaria, la indígena. Ella ejerce una influencia neta en la formación de las primeras generaciones nacidas en el país, se da por indudable, que ellas son herederas del suelo paraguayo. devolvamos lo que tomamos sin pedir... devolvamosles su dignidad.

1/9/11

Desafíos femeninos...



Estudios realizados acerca de la mujer y su función en la sociedad, han dado lugar a numerosos cuestionamientos que hacen reflexionar, especialmente a las mujeres, sobre los roles que nosotras desempeñamos en la vida cotidiana.
Las mujeres no escapan a la realidad del ejercicio del poder; pero existen diferencias claras, en comparación con los varones, en cuanto a los medios sociales en donde pueden hacerlo, a las estrategias y mecanismos que utilizan y a las situaciones y problemas que enfrentan en la búsqueda y ejercicio del poder.
Esto se relaciona con la división del trabajo en los ámbitos públicos y privado, con la asignación cultural privilegiada de lo público al género masculino y lo privado al femenino, que ofrece al desarrollo de aptitudes y actitudes diferenciadas en varones y mujeres.
Sin embargo, los espacios políticos partidarios, se han mantenido o alejados de los intereses de las mujeres, o inaccesibles para ellas. Los números de la participación femenina en estos espacios demuestran composiciones "homosexuales" de los más altos espacios de decisión: todos hombres sólo alguna mujer que, por lo general, además pasa desapercibida.
Se puede afirmar que actualmente, ningún Estado que se diga democrático niega la igualdad para las mujeres ni impide su acceso en igualdad de condiciones al mundo público.
La mujer ha ido accediendo a cargos de decisión y su participación en todos los niveles se ha ido incrementando aceleradamente.
Sin embargo, las estadísticas sobre la participación política de la mujer son aún deficientes, en particular en los más altos niveles de toma de decisiones. Basta acotar que hasta hoy, sólo el 5% de los países ha sido gobernado por una mujer; la proporción de mujeres en los parlamentos nacionales, que constituye el mejor indicador disponible de representación de la mujer dentro de los cargos sujetos a elección popular, es todavía muy baja.
Analizar las causas de esta escasa participación de la mujer, nos lleva necesariamente a reflexionar sobre los obstáculos que la limitan y los mecanismos desarro!lados para ello.
Un primer obstáculo que entorpece todas las formas de participación de la mujer en la vida económica, social y política, lo constituye la desigualdad resultante de la división de roles entre hombres y mujeres en los espacios públicos y privados.
Lograr condiciones equitativas para la plena integración de la mujer a la vida nacional de los países implica, además de acciones positivas para su acceso al poder, la adopción de
otras medidas que conduzcan a una revalorización de los espacios privados, tanto para los hombres como para las  mujeres, de forma de que éstos sean compartidos en igualdad.
Por esa razón, y concediendo la real importancia de las acciones positivas, tales como el sistema de cupos o la promoción de la paridad de ambos sexos en los órganos públicos, se hace necesario promover cambios paralelos conducentes a la transformación de las relaciones de género, impulsando medidas que aseguren que las opciones para compartir y alternar funciones en los espacios públicos o privados, sean equitativas para hombres y mujeres, a fin de que tanto unos como otras puedan despojarse de las rigideces de la distribución de roles.
Esto significa, mediante la integración del mundo público y del mundo privado, enriquecer la realidad de todos y todas. Implica también, hacer que la sociedad tome conciencia de que los problemas de las mujeres no son sólo los intereses de las mujeres, las que por el lugar que jurídicamente tienen garantizado en la sociedad y su contribución al desarrollo nacional, deben tener pleno derecho de ciudadanía y, por ende, a participar en todas las decisiones que afecten a sus familias, comunidades y países.
Esto nos cónduce a abordar otro tipo de obstáculo, que se relaciona directamente con la ciudadanía efectiva de las mujeres.
Analizar el número relativamente escaso de mujeres electas, que contrasta con el de mujeres votantes, sugiere que, a pesar de la remoción de obstáculos legales que ha establecido una igualdad potencial para el hombre y la mujer en el desempeño de cargos de elección popular, subsisten fenómenos culturales relacionados con el papel de la mujer en la sociedad que dificultan que la igualdad jurídica se refleje en la práctica.