La historiadora Ana Barreto plantea un análisis acerca de “las formas claras del amor desde la Independencia hasta finales del siglo XIX”, y afirma que “la historia social, y entre ellas, muy especialmente la historia de la vida privada no han tenido un buen desarrollo, ni han llamado la atención a historiadores paraguayos. Se debe esto en parte a que, normalmente es la historia de hechos político-militares o religiosos y la vida en torno a los grandes hombres la que normalmente es trabajada en la historiografía”. Refiere además que “quien se ha dedicado a releer mejor estos aspectos y esbozado interesantes hipótesis al respecto, ha sido la Dra. Bárbara Potthast-Jutkeit, una de las especialistas en historia social paraguaya del siglo XIX”.
-Más allá de conocer, por así decir, los rituales propios del amor, sirven estos datos para explicar en gran medida la conducta que ha venido observándose en los paraguayos, es decir, ciertas cosas que hacemos hoy y la manera en que pensamos. ¿Siempre fue así? ¿Es diferente, desde cuándo y por qué?
-Casi todos los viajeros que visitaron la provincia del Paraguay y la región circundante coinciden en observar que la conducta sexual de las mujeres y hombres era “muy a menudo, bastante relajada”.
-Pues bien. El Paraguay siempre fue una provincia de frontera y contención de límites con respecto al resto del virreinato, en constantes choques guerreros con indios y como tal, confinada, sin el incentivo de ser una tierra rica en metales. Esto hacía que autoridades civiles y eclesiásticas se lo pensasen dos veces antes de elegir la provincia como destino; por lo tanto, normas y reglas, de todas la índoles, eran menos controladas que en el resto de América.
-El concubinato era muy extendido durante la Colonia, en parte debido al sistema que los españoles implementaron en los primeros tiempos de la Conquista y por otra parte —más cerca del período de la Independencia— por el tiempo que un hombre debía estar fuera de la casa cumpliendo el servicio militar en las fronteras durante las reformas borbónicas. Es decir, tal como hoy, fuera de la élite, las mujeres consideraban el casamiento o unión siempre y cuando exista un amor traducido en compañerismo y ayuda mutua más que por presión social. No había una edad preestablecida para las relaciones sexuales, y sí, en qué grado de parentesco era tolerable. Como decían antes, la élite, conservadora y católica practicante, trataba de observar ciertas reglas respecto a ello, pero en la inmensa mayoría, la sexualidad se empezaba a explorar aproximadamente desde los 14 y 15 años, tanto para mujeres como para hombres.
-La edad ideal para el casamiento era pasando los 24 años, pues recién ahí se era mayor de edad y se podría elegir pareja sin la anuencia de los padres, aunque bien, tampoco se podría fiar uno de ello. Félix de Azara había hecho una observación sobre las jovencitas de la campaña, diciendo: “yo no creo que ninguna de estas mujeres conserve su virginidad pasados los 8 años”. Dada la formación de él, puede ser esta una reflexión exagerada pero que sí ilustra, junto con el resto del párrafo, que el amor en sí era libre.
-¿Cuál es un ejemplo relacionado con aquella época?
-¿Existen referencias acerca de esas infidelidades?
Serenatas y esquelas
-Sobre las conductas amorosas, también los viajeros hacían las observaciones. Las mujeres paraguayas eran directas para concretar una relación, ya que normalmente se ocupaban ellas mismas de su sustento; el flirteo no se extendía demasiado. Las serenatas eran lo clásico para agasajar a la pretendida. Todavía se lee en los periódicos de inicios del siglo XX de qué modo se criticaba la serenata como un acto vulgar, ya que los aires de la modernidad irrumpían en la Asunción, pero durante todo el siglo XIX, junto con las coplas cantadas (versos con algo de ritmo) eran lo estilado. Lo eran también las esquelas de amor. Con algunos hombres no había problemas para que escriban las “cartas”, pero con la mayoría de las mujeres sí, ya que la formación que recibían no era la misma y tampoco la educación en ellas era importante. Así que el medio para que los enamorados furtivos se encuentren por medio de mensajes escritos era que la mujer pagaba a un escribiente el trabajo de hacer la carta a nombre de ella. Muchos padres ponían como pretexto que no enseñarían a sus hijas a leer para que no puedan cartearse a escondidas con el novio. Increíblemente, en una entrevista que hice hace semanas en Pedro Juan Caballero, la señora Juana de Benítez me dijo que su padre también decía eso en 1930. Comparativamente, el tenor de las cartas de amor no ha cambiado mucho a la fecha.
-Hay muy pocas descripciones de lo que era una fiesta de bodas, ya que como se ve, eran porcentualmente escasas. Pero también porque no interesaban nada más que como anécdotas. John Robertson describe en uno de sus libros sobre Paraguay lo que era una fiesta en 1820, que bien podría también entenderse como un similar festejo de matrimonio: las invitaciones eran personales ya que las tarjetas no existían; la comida abundante, igual que las bebidas alcohólicas y los jugos, los juegos de azar, los dulces, la música, integrada por violines, guitarras y voces. Cigarros para fumar y mucho baile, normalmente hasta bien entrada la madrugada. Contaba Rengger, un médico que vivió en el Paraguay de Francia, que cierta vez una señorita quería pasar la noche en su cama con un capitán pero sin que se enteren sus padres, y recurrió al médico para que le recete una pócima que —naturalmente— los haga dormir profundamente.
-Cuando Francia asume el poder, ya desde 1814 ordenó una disposición que afectó profundamente la composición “legal” del matrimonio en las capas altas: prohibió el casamiento entre europeos y extranjeros de cualquier lado con cualquier tipo de paraguaya, exceptuando a las negras o indias de los pueblos. Como en la clase alta se casaban siempre “entre ellos”, estas leyes lo que consiguieron fue que las uniones libres y el concubinato o “escandalosa vida” se acrecienten aún más. Una vez que Carlos Antonio López llegó al poder en la década del 40, trató de todas las formas de perseguir a las personas para que contraigan matrimonio y utilizó todos los recursos estatales para ello: visita del juez a la casa de la pareja, apercibimiento, notificaciones, amenazas de confinamiento tanto para hombre como para mujeres, etc. Pese a todos los esfuerzos del presidente, lo que se logró no fue tan significativo: las mujeres seguían optando, si bien no siempre por casarse, por tener hijos sin necesidad de estar reconocidos.
-Por los legajos civiles de —al menos— la primera mitad del siglo XIX, una cosa era clara: un matrimonio no existía para una paraguaya si no había amor, y el amor era ayuda mutua y compañerismo. Aunque no es posible cuantificar, en algunos casos también existen los matrimonios impuestos por los padres, que normalmente derivaban en un pedido de divorcio ante la Iglesia cuando los cónyuges afirmaban no quererse más o cuando la esposa era muy golpeada o abandonada. En la demanda por divorcio de María Manuela Aponte contra Simón Cañete en 1822, ella decía: “Y si se dice, debe estar sujeta al marido, es únicamente en aquello que le convenga a la felicidad espiritual de ambos, porque tampoco ella es esclava sino muy ingenua e igual en todo a su esposo, pues de lo contrario no sería compañera sino sierva, lo cual es falso”.
-Lo contrario a una mujer casada o no, pero con hijos, eran las solteronas. Durante la Colonia, las solteronas no eran mal vistas; eran mujeres a las que se les había “pasado la edad florida” por varios factores que entre la clase alta podía ser el hecho de no tener suficiente dote que ofrecer el futuro marido. Normalmente, si no contraían matrimonio, quedaban al servicio de la Iglesia o de los santos varios. Entrado el siglo XX, cuando el liberalismo exigía distanciamientos entre Estado-religión, las solteronas pasaron a ser motivo de burlas, ya sea en la prensa satírica como en coplas varias. Si en pleno siglo XIX había motivos para querer huir de la soltería, a inicios de 1900 los había aún más.
-¿Existía el romanticismo?
Esta carta demuestra un hecho característico en la sociedad urbana paraguaya de finales del siglo XIX, que para todos los bohemios “minaba el amor”: la necesidad de casarse según las condiciones económicas para perpetuar fortunas.
-¿De qué manera influían la moral, educación y costumbres?
“(...) Deberes de las mujeres con sus maridos: La sumisión racional y la afectuosidad, condiciones esenciales de la mujer. La economía. La prudencia. La moderación y la escrupulosidad deben constituir la norma de sus conductas en todos los aspectos”(…), pág. 135 del plan de estudios para escuelas primarias.
-¿Cómo se desarrollaba la amistad, coqueteo, noviazgo?
Después de un amigo, las señoritas del 1900 pasaban a tener un “festejante”, alguien que no estaba obligado a frecuentar su casa ni hablar con la familia de ella, pero que siempre podía encontrarla en los paseos de la calle. La esfera pública era un lugar donde las mujeres no pertenecían, el lugar de ellas era la vida doméstica, por lo tanto debía haber muy buenas razones para andar caminando por ahí: las misas y las fiestas de santos eran la excusa perfecta para poder entablar conversación con hombres a los ojos de las demás personas. Siempre se podía salir entre semana y las posibilidades —de acuerdo a qué santo era— aumentaban con las procesiones y kermeses. Las mujeres jamás iban solas, siempre acompañadas de otras mujeres, niñas o una o dos esclavas.
-¿Había mujeres que salían de dichos cánones?
-Ante la boda, ¿había ceremonias de compromiso?
FUENTE :http://www.abc.com.py
que parece estar especialmente adaptado á las necesidade
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